“Nada”: viaje iniciático a la Barcelona de los años cuarenta

Recojo de la librería un ejemplar heredado de casa de mis abuelos, que pasó después por manos de mi padre y que ahora después de innumerables mudanzas ha sobrevivido esperando hasta el día de hoy. “Nada” de Carmen Laforet. Hace unos meses apareció un artículo en el dominical de El País sobre la escritora en el que consiguieron despertar mi curiosidad. Había ganado el premio Nadal de 1944.

No es una novela optimista, en absoluto, y debía de casar bien con el ambiente de la época, con su podredumbre. En sus primeras páginas aparece Barcelona frente a unos ojos nuevos y expectantes, ilusionados con la aventura de la gran urbe. Pero la misma ciudad se encarga en pocos pasajes de presentarse tal como era o sigue siendo para algunos, miserable, oscura y lánguida.

Carmen Laforet consigue sobre todo recrear el ambiente a través de una increíble cadencia narrativa que nos absorbe y nos arrastra, consiguiendo que veamos por sus ojos las paredes, los muebles y los personajes cargados de mugre y de miseria. No habla de política, sólo de la vida cotidiana, pero no la de cualquiera sino la de una familia atrapada entre el pasado y el presente, sobreviviendo mientras arrastra la pérdida tras de si. Un agujero en plena calle Aribau que guarda debajo del polvo el recuerdo de lo que fue, con personajes que se arrastran a través de los días, todos iguales hacia la autodestrucción y la locura. Consigue reflejar con toda naturalidad los valores de la época y, sin hacer una crítica explícita, poner de manifiesto el hambre escondida en manos raquíticas que se empeñan en desempolvar sus mejores vestidos para salir a pasear con las tripas gruñendo.

Ni una sola referencia a nada que se pueda considerar política, la grande, la de nombres y partidos. No sé si alguno de nosotros sería capaz de escribir algo sobre 1944 sin hacer ni una sola referencia a la Historia en mayúsculas. Quizás no pudo o quizás refleja lo poco que le importaba en un contexto en el que solo pretendían pasar de un día al otro intentando olvidar.

Me gusta. Me gusta mucho entrar en la vida cotidiana de aquella época, en lo pequeño, sin que ningún nombre resuene tapándolo todo. El éxito que tuvo en su momento quizás refleje lo identificados que se sentían muchos con el tono de la novela, con la sensación amarga de estar atrapado entre pequeños retazos de luz, y una esperanza diluida y húmeda de niebla al final del pasillo sucio y mugriento.

Ahí va una pequeña perla:

Y los tres pensábamos en nosotros mismos sin salir de los límites estrechos de aquella vida. Ni él, ni Román, con su falsa apariencia endiosada. Él, Román, más mezquino, mas cogido que nadie en las minúsculas raíces de lo cotidiano.

Su prosa me recuerda el gusto que dan los grandes escritores cuando leyéndolos te sorprenden con una frase magistral, perfecta y adecuada. Y al pensar que fue escrita tan sólo con 22 años siento una gran admiración. Carmen Laforet nos da una muy buena oportunidad para pasearnos por las calles barcelonesas de 1944 con ojos de 1944.

Nada
Carmen Laforet
Premio Eugenio Nadal 1944
Ediciones Destino
Primera edición: 1945
Tapa dura
ISBN: 8423307875
Número de edición: vigésimo tercera de febrero de 1976
Impreso en Barcelona.

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