“Crónicas de Jerusalén”: una visión especial del conflicto palestino-israelí

Viñeta de Crónicas de Jerusalén de Guy Delisle Los cómics de Delisle, a estas alturas, son ya como la guía Lonely Planet de los expatriados.

¿Tienes que irte a un país lejano expatriado por tu empresa y con toda tu familia? ningún problema, te haces con cualquiera de las “Crónicas de…” de Delisle y te sirve para hacerte una idea de lo que te espera. Si te han expatriado a Birmania, Corea del Norte, China o Jerusalén, entonces estás de suerte (¡¿estás de suerte!?): Delisle tiene un libro específico para cada uno de esos destinos.

La cosa funciona de tal manera que ya sabes lo que vas a encontrar: descripciones del día a día de un expatriado sin un hilo argumental aparente, pero con montones de información útil para comprender los países y ciudades en los que le toca vivir. Desde cómo hacer aquel trámite para comprar un coche, a dónde comprar sus cereales preferidos, llevar los niños al colegio, sortear atascos, pasar por Check Points, tratar con (ultra-ortodoxos) radicales…

Este “Crónicas de Jerusalén” es uno más de la lista, en este caso ambientado en Jerusalén, donde Delisle vivió todo un año con su mujer (miembro de Médicos sin Fronteras) y sus dos hijos. Delisle, con su narrativa aparentemente aséptica y objetiva, es un observador muy valioso para hacerse una idea de cómo funciona la convivencia entre israelíes y palestinos. Más que del conflicto en abstracto, Delisle habla de personas: pasea por las calles, habla con la gente y el resultado es un mosaico de momentos que nos ayudan a entender qué pasa en Jerusalén.  En todo caso, nada que ver con la profundidad de la denuncia política de un Joe Sacco, por ejemplo. Delisle es mucho más ligero que Sacco, mucho más centrado en el día a día que en la raíz del conflicto, en sus ramificaciones o en su posible solución. No por ello la obra de Delisle es menos interesante, puesto que representa una manera diferente, ágil, pragmática, de mostrar Jerusalén y por extensión Israel, y la franja de Gaza. Además, como se puede apreciar en la imagen que acompaña este post, el mismo Delisle bromea acerca del paralelismo con Sacco.

Nada nuevo a nivel gráfico. Yo no soy capaz de apreciar ningún tipo de evolución desde su Schenzen hasta ahora. Simple blanco y negro con tonos grises para el “color” y un par de viñetas con un toque en rojo para la sangre. Muy acorde con el tono neutro de todo el libro y de sus demás obras.

No faltan en esta obra, también, como en las anteriores, toques de humor que Delisle va dejando aquí y allá: que si una descripción de los Samaritanos, que si celebraciones de los judíos ultra-ortodoxos, que si un guardia no le permite dibujar el muro… no es que sean necesarios, porque la obra no se hace pesada en ningún momento, pero le dan al conjunto un tono todavía más agradable para el lector.

Portada Crónicas de Jerusalén

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