“El Escultor”: McCloud y el proceso creativo

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Suecia, año 2000. Un entendidillo apasionado de los comics se hace amigo de un sueco que le menciona a Scott McCloud y su Understanding Comics como obra capital para entender qué es un cómic y qué es el arte secuencial. El entendidillo lo despacha con un “sí, me suena” pero en realidad no tiene ni puta idea. Unos meses más tarde, ya de vuelta, evidentemente el entendidillo corre a su librería de cabecera a buscar el susodicho y se pone al día con McCloud.

Y hasta el año pasado.

El año pasado, en una librería me encuentro con “El Escultor” de Scott McCloud. Coño, McCloud. ¿Pero este no era el teórico? ha publicado novela gráfica…Y me decido a probarlo.

Y aquí estoy contento, muy contento. 500 páginas devoradas en un par de días que no tienen nada que ver con la referencia anterior, excepto algunos experimentos gráficos que te hacen pensar mira, como lo que explicaba en Understanding Comic.  Una historia sólida acerca de la creación, el amor, la muerte, el arte, la trascendencia… no necesariamente en ese orden. Una historia contada de manera brillante tanto a nivel gráfico como de guión.

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El guión nos lleva por la vida de David Smith, escultor fracasado, sin dinero, a punto de perder su piso, con un montón de dudas acerca de qué hacer con su vida… que llega a un pacto con la muerte para poder crear lo que quiera durante 200 días con sus manos… a cambio de su vida. Fausto revisado. Un tour de force frenético en el que se mezclan creación, amor, más creación, frustración, amor, más frustración… en un combinado explosivo que no deja indiferente.

Piensas mucho. Sigue tus instintos.  A la mierda lo que te diga la gente –Lo he intentado, pero no consigo suficiente foco- Pues enfoca, pero profundiza, no te vayas por los lados. Cierra los ojos, tírate, nada hasta el fondo y no se te ocurra pensar en quien te está siguiendo. No pienses.

La parte gráfica es un compendio de cómo no hacer un cómic estándar. Todo tipo de trucos visuales, perspectivas, combinaciones de viñetas y puntos de vista se combinan con un dibujo bastante sencillo pero potente, directo, de poco trazo y en un blanco-negro-gris-azul que no se si tiene nombre formal.

A mi lo que más me ha gustado ha sido la idea subyacente de que el talento no basta para triunfar. De que a pesar de tener todo el talento del mundo, hace falta algo más. Lo que menos, el personaje de Meg, poco profundo y un poco caricatura a veces. Pero claro, en una obra de 500 páginas, profundizar más en un personaje secundario, quizás era excesivo.

Sea como sea: es muy recomendable porque McCloud parece haber puesto mucho de sí mismo en el personaje de David y no deja de ser apasionante adentrarse en el proceso creativo de cualquier artista.

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Título El escultor
Autor Scott Mccloud
Traducido por José Torralba Avellí
Editor Grupo Planeta
Spain, 2015

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“La isla sin sonrisa”: aventuras en una isla ballenera

Este es uno de los típicos cómics que compro exclusivamente porque me engancha su dibujo. Ni conocía a Enrique Fernandez, ni tenía ni idea de qué iba el argumento, ni sabía que la obra había ganado la Medalla de Plata del “Premio Internacional del Manga” en Japón. Gran acierto en todo caso, porque el dibujo es magnífico de todas todas y el guión no desmerece para nada la parte gráfica.

El dibujo  de Enrique Fernandez, como se encargan de señalar en la ficha editorial, recuerda a Hayao Miyazaki y su fabulosa película “El viaje de Chihiro“, con unos trazos claros, un tratamiento del color perfecto y unos personajes con grandes rasgos faciales que les ofrecen una amplia variedad de registros expresivos.

Pero es que además la historia es muy interesante a nivel de guión: un geólogo desembarca en una isla perdida, donde vive una pequeña comunidad de balleneros, con el objetivo de estudiar las rocas de la zona.  Allí conoce a una niña que se encarga ya desde las primeras páginas de trastocar todos sus planes. Fernandez crea dos personajes contrapuestos para hablar de la vida, la muerte, de la felicidad, de los porqués de la felicidad, de los porqués de la tristeza… y esa interacción entre ambos personajes es la que nos lleva durante toda la narración de manera fluida y simpática por encima del trasfondo vital que subyace en el argumento. Al final, consigue tratar temas interesantes de manera original y amena.

Y además, por encima de todo esto, hay un barniz fantástico, u onírico, que mezclado con la clásica historia de aventuras y con los dos personajes principales, acaba de redondear la obra de manera muy especial.

En definitiva, una obra que te entra por la vista pero acabas disfrutando a muchos niveles.

La isla sin sonrisa
Enrique Fernández
Glénat
Colección: Delicatessen
Volumen único
56 páginas – Color
978-84-8357-908-4